jueves, marzo 10, 2011
Acá
Pero se quedó sólo pensándolo. O, lo que es lo mismo, escribiéndolo acá.
martes, marzo 01, 2011
Y el día menos pensado...
(Del lat. resuscitāre; de re y suscitāre, despertar).
1. tr. Devolver la vida a un muerto.
sábado, abril 04, 2009
Verdades que aprendí en la infancia 1
(Robado de Vamos a la mierda en bote)
sábado, febrero 14, 2009
viernes, diciembre 19, 2008
Peletería indoeuropea
Hela aquí en su versión original:
Avis akvasas ka
Avis, jasmin varna na a ast, dadarka akvams, tam, vagham garum vaghantam, tam, bharam magham, tam manum aku bharantam. Avis akvabhjams a vavakat; kard aghnutai mai vidanti manum akvams agantam.
Akvasas a vavakant krudhi avai, kard aghnutai vividvant- svas: manus patis varnam avisams karnauti svabhjam gharmam vastram avibhjams ka varna na asti.
Tat kukruvants avis agram a bhugat.
La fábula fue reescrita en 1979 por W. Lehman y L. Zgusta del siguiente modo, para "mostrar el avance de la ciencia":
[Gw&rei] owis, kwesyo wlhna ne est, ekwons espeket, oinom ghe gwrum woghom weghontm, oinomkwe megam bhorom, oinomkwe ghmenm oku bherontm. Owis nu ekwobh(y)os ewewkwet: Ker aghnutoi moi ekwons agontm nerm widntei.
Ekwos tu ewewkwont: Kludhi, owei, ker aghnutoi nsmei widntbh(y)os: ner, potis, owiom r wlhnam sebhi gwhermom westrom kwrneuti. Neghi owiom wlhna esti.
Tod kekluwos owis agrom ebhuget.
En castellano, la cosa sería más o menos así (traduzco de una versión en francés):
Oveja y Caballos
Oveja, sobre la cual lana no era, vio caballos, uno carro pesado tirando, otro gran carga, otro hombre rápidamente cargando. Oveja a los caballos dice: corazón sufre me viendo hombre caballos conduciendo. Caballos a la oveja dijeron: escucha oveja, corazón sufre nos viendo hombre, amo, lana de oveja hace para sí cálido abrigo y en la oveja lana no es.
Dicho esto, la oveja de las praderas se fue.
De esta fábula podrán decirse muchas cosas. Yo deduzco al menos dos: a) que el hombre siempre ejerció un dominio sobre las otras especies animales; b) que el indoeuropeo fue en sus orígenes hablado no por los hombres, que eran mudos y brutos y se limitaban a labrar la tierra y ni siquiera sabían cazar, sino por ciertas razas de ovejas y caballos de las cuales descienden, concluyo, nueve décimas de la población occidental y más de la mitad de la de oriente.
De ahí que haya mujeres con cara de caballo capaces de enamorar a personajes de Hernández.
Referencias:
W. Lehmann, L. Zgusta "Schleicher's Tale after a Century" in : BROGYANYI, B. (éd.), Festschrift for Oswald Szemerényi on the Occasion of his 65th Birthday, Amsterdam, 1979, p. 455-466.
Sitios:
www.angelfire.com/tx/eclectorium/indoeuro.html#Schleicher
www.geocities.com/Athens/Forum/3807/features/language.html
viernes, diciembre 12, 2008
jueves, noviembre 27, 2008
Cosas que me acuerdo...
Hermano del niño-croto era el Caballo, cartonero de la primera hora, antes de que el fenómeno se pusiera de moda y saliera en televisión. Recorría las calles a caballo de sí mismo, relinchando en el asfalto (nunca lo voy a olvidar) bajo el sol azul incandescente de los sábados de enero.
Billy, amigo de los dos, solamente cantaba a cambio de monedas; a cambio de billetes hacía todo un show. Yo fui uno de los tantos que se aprovecharon de él. La última vez que lo vi se había convertido en poeta y exponía los versos en una esquina cualquiera, en un pizarrón verde, siempre a cambio de monedas. Yo fui uno de los tantos que no se detuvieron a leer lo que escribía.
El Pava, bailador en discotecas de Buenos Aires, corredor de carreras con el Waska y limpiador de vidrios; yo fui uno de los tantos que lo contrató. Limpiaba los ventanales de manera elemental, con agua y diarios viejos, sin ninguna herramienta diseñada para la tarea. La última vez que lo vi me dijo que "estaban viniendo de afuera" y que entonces, con la competencia, el negocio iba de mal en peor. Su mirada, su mugre y su saltito al caminar eran sus tres puntos de suspensión.
El Waska, violador de viejas, sabedor de todo y comedor para el costado. Siempre me llamó "Lucas", nombre heredado por mi primo. Como a mi primo también le decía Lucas, es dable pensar que en su consciencia yo nunca existí.
El Caminante caminaba todo el día y gastaba alpargatas como nunca antes se vio en las cuadradas calles lobenses. Decían que era Cristo, pero él decía "no sé". A mí me gustaba hablar con el Caminante y comprobar que sabía leer. Escribía entre las piedras anaranjadas de la plaza con un palo: "zapatos". Y él me lo leía, "zapatos", y se quedaba mirándome. Una vez charlamos los tres, el Pava, con quien una vez me agarré a trompadas en la puerta de El Escritorio, el Caminante y yo. Hablamos de sus familias, de sus madres, de por qué llegaron a Lobos. Soy uno de tantos que les preguntaron cosas y después las olvidó.
miércoles, octubre 01, 2008
Sic
Tales averiguaciones, de un interés innegable, van muy a la zaga de lo que Malmberg cuenta después. "Otro inglés", prosigue en efecto nuestro autor, "Michael Ventris (1922-1941), consiguió decifrar esos textos en 1952 [sic], probando que se trataba de una forma arcaica de griego". Proeza que más allá de sí misma brindaba, agrego yo, de paso, la prueba irrefutable de la superioridad de los británicos, es decir la explicación de que nos hayan ganado todas las guerras.
El trabajo de Ventris fue resumido por su colaborador, John Chadwick (cuyos atributos ontológicos preferiremos no indagar) en The Decipherment of linear B, 1958.
sábado, mayo 17, 2008
Notas que vienen cada tanto
Yo soy de los que leen ese tipo de cosas casi todas las horas del día, trescientos sesenta días al año, que es como decir casi siempre. Buscamos notas al pie, como la que encontré hoy a la mañana. La nota en cuestión es una glosa, en realidad, de una frase que termina en “…de la tierra cóncava”, luego de la cual el autor llama al pie para escribir lo siguiente:
Esta tesis extravagante pretendía que la tierra es hueca y que los hombres habitamos en la superficie interior. El sol sería de proporciones considerablemente más reducidas de las que pretenden los astrónomos, y las estrellas serían luminarias “pintadas” sobre la superficie del globo. Un tal Cyrus Reed Teed creó, en 1870, una oficina geodésica que consagraría distintas experiencias a probar que la superficie de la Tierra es cóncava, como el interior de una cáscara de nuez. Fundó, con el objeto de denunciar los cánones de “la ciencia oficial”, una sociedad comunitaria que llegaría a congregar cuatro mil fieles, tres de cuyas cuatro partes eran mujeres (sobre las cuales Reed Teed ejercía una extraña fascinación).
En Alemania los escritos de Teed sirvieron de base a una doctrina que, al igual que otras pseudo-ciencias, se desarrolló ampliamente en el clima de oscurantismo cultural del nazismo: la Hohlweltlehre (“teoría de la tierra hueca”). Una de las consecuencias que se deducían de esta teoría consistía en pretender que, si la superficie habitada era cóncava (y no convexa), entonces era posible -con el instrumental adecuado- observar objetivos muy alejados, apuntando más allá del horizonte aparente.
Así fue que, durante la segunda guerra mundial, un escuadrón de diez hombres altamente especializados fue constituido. Bajo las órdenes del Dr. Heinz Fischer, técnico de radiaciones de onda larga, el grupo fue enviado a la isla de Rugen con un único objetivo militar: tomar imágenes de la flota británica mediante el temerario método de apuntar un radar hacia el cielo, a un ángulo de 45º.
Este episodio fue relatado por Martin Gardner en la primera edición de su Fads and Fallacies in the Name of Science (1952). El Dr. Fischer reaccionó con la amenaza con enjuiciar al editor. Alegó que él había obedecido las órdenes sin creer nunca una palabra de la Hohlweltlehre y que entonces la narración de Martin Gardner lo deshonraba.
Para no tener historias, el editor americano suprimió el pasaje en la edición de 1957.
Fin de la nota de Gandon, que sigue después, como si nada, hablando de Saussure, de sus fonemas algebraicos y de otros vaivenes propios a esa última parte del siglo diecinueve, sin dejarle a uno otra opción que la de resignarse y seguirlo, movido a lo más por la ilusión de que treinta libros más tarde encontrará, con suerte, otra nota para copiar.
miércoles, mayo 14, 2008
ELG, p.20
Ya casi no había luz cuando sacó del bolsillo un papel amarillento. Con el óxido del clavo escribió: "une langue existe si à m + e + r s'attache une idée", y con un hilo que usaba de cinto ató la nota a una de las cruces. Buscó el lucero en el espacio, como si buscara un cómplice, y le sostuvo un tiempo la mirada. Después se sentó, abatido, y siguió desapareciendo hasta que desapareció del todo junto con la tarde y la luz.
viernes, mayo 09, 2008
Dormir como un ángel
No estoy seguro de que sean buena gente, después de todo. Si la expansión geográfica de la creencia es representativa de su forma de ser, deben ser pesados. Deben aprovechar cualquier ocasión para decir cuánto y cómo duermen.
-Hola, qué hacés?
-Bien, no sabés cómo dormí...
-¡Uh, qué hora es, se me hizo tarde!
-Hermano, anoche dormí como los dioses.
e says: nada, acá ando, ahí qué tal todo?
angel says: no sabés cómo dormí...
Yo, por mi parte, no conozco a ningún ángel, y sobre todo estoy seguro de no serlo (duermo bien para la mierda). Y no sé tampoco si es una gentileza eso de que a uno le deseen dormir "como un ángel". Puestos a elegir, a mí me gustaría que me desearan otras mañas, como la de conocer la lengua telepática celestial, o el arte, que también le gustaba a Borges, de volar hacia el norte, el sur, el este y el oeste al mismo tiempo...
martes, marzo 25, 2008
Notas marginales 2: regresos millonarios
Releo las notas de Riedlinger al curso II (1908-1909). Margen de la página 8: "Ce que Saussure vise est ceci : a) il faut que les éléments soient différents les uns des autres, et voilà tout (i.e. un élément pourra être tout et n’importe quoi, sauf égal à un autre élément). Mais une chose est de dire ça, et une autre de prétendre que sur ces différences repose tout ce qui peut être... [No encuentro la idea exacta de lo que quería decir… VOLVER Y SER MILLONES]"
Y así estamos.
jueves, marzo 20, 2008
Verdades antropológicas 1: húngaros asturianos
"En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está la primera tienda. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho, han visto espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta a los húngaros: esos que roban niños, comen caballo, hablan con el diablo y huyen de Dios."
(Miguel Angel Asturias, "Guatemala", en Leyendas de Guatemala, Ed.Alianza.)
jueves, febrero 28, 2008
Nadie, al parecer
Todo tiene una explicación. La de hoy es la siguiente: mi blog no tiene lectores. Carajo, tiene ganas de decir usted. Pero sin embargo no lo dice. ¿ Sabe por qué? Porque usted no existe.
Este blog no tiene lectores. (Silencio.) Esa es la razón por la cual a veces no uso signos de pregunta, si en el momento no se me antoja, y la razón por la cual muchas otras cosas inútiles de contar.
Si existiera, usted se preguntaría para qué escribo. Dice bien, sabe por qué dice bien, porque soy yo quien lo dice. Digo que digo y sin embargo lo escribo, y pregunto sin signos para preguntar, sabe por qué lo hago, porque se me antoja.
Este post tiene una única finalidad y este es el momento de decirla. Ese era el momento de decirla y en lugar de decirlo dije que era el momento: a la oportunidad la pintan calva. Lo que en aquél momento debí decir y no dije es lo siguiente, y lo digo aunque no sea el momento porque así me da la gana: evitarle al lector la vergüenza ajena de comprobar que mi blog no tiene lectores. Pero como no los tiene el post es inútil, como todo lo que hago en la vida.
miércoles, febrero 27, 2008
Ecos aimaras
Además de los datos editoriales, anoté lo siguiente:
“Muchas obras con títulos evocadores. Ver si se puede conseguir; si no, volver a La Sorbonne (estante "Linguistique").
“Referencias a Lulio, Borges, Leibniz.
“Referencia a las obras de Pierre Ménard que tienen mucho que ver con mi artículo sobre Borges. El criterio según el cual Borges reúne a Descartes, Leibniz y los otros es este: la reflexión acerca de las condiciones de posibilidad de una lengua universal y perfecta.”
Ese mismo día, boludeando, encontré la reseña escrita por U. Eco para L'Espresso del 4 de noviembre de 1994, de la cual traduzco la última parte:
Terminemos con una serie de preguntas: ¿Quién habrá comprado las obras de Bertonio? ¿Quién habrá querido estafar a Umberto Eco? ¿Quién le habrá dado a éste información catastral errónea acerca de la ciudad de Buenos Aires? ¿O sólo nombró esas calles para évocar reminiscencias tangueras y borgeanas? ¿O porque hablar de esas calles (y de Borges y del tango) queda bien, como queda bien hablar de la Sorbona?
sábado, febrero 09, 2008
Notas marginales 1: El amor en los tiempos de cólera
-¿Peeters?
-¿Qué?
-Te amo...
Y así estamos.
miércoles, enero 23, 2008
Título Italiano 4: continuación
-No voy a perder el tiempo con excusas superfluas, comenzó. Soy Sulkas Perkunas, productor de ciudades. Comencé mis estudios en Alemania, como arquitecto, pero pronto me harté de un arte que se limita míseramente a edificios aislados y sujetos a la soberanía estética de los que ya existen. Me di cuenta de que las viejas ciudades, establecidas poco a poco y en culturas y épocas heterogéneas, eran ridícula e irremediablemente eclécticas. Alcanzamos, según creo, la era de la creación total y la de la ciudad diferencial. Un arquitecto ya no puede concebir un templo o un palacio para insertar en complejos anticuados, sino solamente una masa compacta de construcciones inspirada en un concepto unitario y revolucionario. ¿Se imagina a un poeta moderno introduciendo un verso suyo en medio de un canto de la Ilíada o una escena de su invención en medio de un acto de Shakespeare? Bien, lo que se exige a los arquitectos modernos, lo que éstos indignamente cumplen, es un absurdo de este género.
Yo no pretendo proponerle diseños para una residencia, un teatro, un banco o un kursaal. Estas cosas son para arquitectos mediocres, sin consciencia y sin estilo. Yo ofrezco, en cambio, proyectos de ciudades integrales, diferentes de todas las que existen. Sólo usted, supongo, puede entender la novedad de mi arte y resolverse a elegir alguna para hacerla realidad.
Todos los hacinamientos de casas esparcidos por el mundo que llamadas "ciudad" son, salvo raras excepciones, de una uniformidad y un desorden que dan asco. Ninguna de ellas fue ideada en síntesis por un único genio (como una obra de arte) y llevada a cabo con fidelidad espiritual para encarnar en piedra una idea. Son, las más, agregados monstruosos dejados al azar y a los caprichos de las generaciones, todas obedientes a las necesidades usuales de la odiosa vida en común. Por todas partes edificios con puertas y ventanas, alineadas a lo más, nebulosas de escombros habitados que pueden gustar a los aguafuertistas o a los especuladores, pero que dan asco al que tiene un sentido más delicado de la dignidad del hombre…
- Perdone, interrumpí, ya he oído bastante la teoría. Usted habló, me parece, de proyectos…
- Helos aquí, contestó sin pestañear Sulkas Perkunas, pero no puedo, lamentablemente, más que indicarle en pocas palabras...
Me cansé. Mañana sigo.
domingo, enero 20, 2008
Titulo Italiano 3: continuación
Me llamó la atención el hecho, que todo académico supongo conocerá, de que con el pasaje del primero al segundo de mis autores italianos haya recuperado, sin saberlo, una relación epigonal, el hecho de que descubriera, leyendo solamente dos libros, que uno encontraba en el otro su origen, su razón o al menos su fuente. Le città invisibili, de Calvino, no puede ser, como dice Calvino, el fruto puro de sus desordenados caprichos artísticos. Le città invisibili es la continuación, y en el mismo tono además, de una de las historias narradas por Gog, esa que empieza en la página 85 de la primera edición y que lleva por título “Nuovisime città”.
Tracuzco, primero de manera literal, después como la hubiera traducido un lobense de la calle, clase media (o sea "calle media"):
Capetown, 8 de Noviembre
¿Quién diablos le habrá dicho al señor Sulkas Perkunas que yo planeaba crear una ciudad nueva? Que yo recuerde, nunca se lo confié a nadie. ¿Y cómo habrá hecho este lituano fantástico para encontrarme acá en Sudáfrica donde yo esperaba, por fin, pasar desapercibido?
El Señor Sulkas Perkunas no quiso satisfacer estas curiosidades. Es un hombre de unos treinta años, pero tan sombrío y huraño como un director de presidio que tuviera sesenta. En su rostro, apagado y quemado como el de un labrador, se abren dos ojos celestes, claros, casi blancos, atentos y severos como los de los chicos pobres. Estirado, desabrido, mal vestido, coronado con un anchísimo fieltro grisáceo, se me acercó intrépidamente mientras volvía al hotel y me pidió un momento para charlar, dijo, de algo que no admitía dilaciones. Lo hice entrar conmigo a una sala de espera. Supe entonces que era rubio, y que llevaba bajo el brazo un gran rollo de papeles.
-No voy a perder el tiempo con excusas superfluas, comenzó. Soy Sulkas Perkunas...
Me cansé. Mañana sigo. Pero antes déjenme decirles esto: el lobense calle media habría empezado así: "¿Hola, mamá? ¿Vos le dijiste a Sulkas Perkunas que yo estaba por hacer una ciudad? (Silencio.) ¿Y quién mierda se lo dijo entonces? (Silencio.) No, yo no se lo dije antes a nadie. (Silencio.) La única que lo pudo adivinar sos vos."
jueves, enero 17, 2008
Título italiano 2: continuación
Si hubiera estudiado en Puán diría, en este punto (y lo diría así, “en este punto”), algo acerca de la intertextualidad, citaría a un ruso, a un francés y a un profesor homosexual. Mejor me parece, o al menos menos aburrido, sentarme a escribir como quien viene al mundo, lápiz y papel, sin goma de borrar. Aunque todo lo anterior es mentira: a) sí estudié Puán; b) escribo en una IBM R60 (HD: 80gb; RAM: 1gb; Micro: Intel Centrino Dúo T2600) equipada con Windows XP SP2 (el Vista es una cagada), Office 2007 y miles de diccionarios y enciclopedias. Si hago click-botón-derecho en una palabra me sale una lista de sinónimos. Miren: albarda: aparejo, chincha, albardilla, aceruelo, almohadilla, guarnición, jalma.
miércoles, enero 16, 2008
Título Italiano
domingo, enero 13, 2008
"Despina", de Italo Calvino (Le Città Invisibili)
El camellero ve despuntar en el horizonte de la planicie las cumbres de los rascacielos, las antenas de radar, ve las astas blancas y rosa que se sacuden, ve el humo de las chimeneas y piensa en un barco. Sabe que es una ciudad, pero la piensa como un navío que se lo lleva del desierto, un velero que está por zarpar (el viento infla las velas sin desplegar todavía) o un vapor cuya caldera vibra en el casco de hierro, y piensa en todos los puertos, en las mercancías de ultramar que las grúas descargan sobre los diques, en tabernas donde tripulantes de distintas banderas se rompen botellas en la cabeza, en ventanas de planta baja iluminadas, cada cual con su señora peinándose.
Entre la neblina de la costa el marino distingue la forma de una joroba de camello, de una montura bordada con flecos resplandecientes entre dos jorobas manchadas que avanzan vacilando. Sabe que es una ciudad, pero la piensa como un camello de cuya albarda cuelgan ánforas y alforjas de frutas confitadas, vino de dátiles, hojas de tabaco, y ya en su mente nace la imagen de una caravana larga que se lo lleva del desierto del mar hacia un oasis de agua dulce a la sombra dentada de las palmeras, hacia palacios de gruesas paredes de cal con patios de porcelana sobre los que bailan descalzas las bailarinas que mueven los brazos, un poco dentro, un poco fuera del velo.
Cada ciudad recibe su forma del desierto al que se opone; y así el camellero y el marino perciben Destina, ciudad al límite entre dos desiertos.
jueves, diciembre 27, 2007
Diario de un escritor de tesis
En el comienzo hubo un espacio virtual interminable titulado document1.doc. Escribió el estudiante en lo más alto: "Tesis". Y al minuto siguiente descansó.
viernes, septiembre 21, 2007
Santa Teresa de Gallura
lunes, agosto 27, 2007
[Título no disponible 2]
Parece que sube, pero también parece que baja. Baja de los cielorrasos. Sube desde las cenizas, que hubiera querido escribir con s.
sábado, mayo 19, 2007
La pared
Esta pared blanca enseña muchas cosas, aunque ustedes digan que no. Es blanca. Se estira para allá, miren, y dobla en ángulo recto y sigue para allá. No veo lo que pasa atrás, pero sé que esta que viene por la izquierda es la misma pared que se fue por la derecha. No sé cómo lo sé, pero es así. Es así. No habla la pared. Está ahí, quieta, blanca y con su mancha. Tiene una mancha la pared. Y a la pared no le importa la mancha. Sigue blanca, quieta y envolviéndome sin que yo sepa cómo, aunque tenga esa mancha ahí. Miren, ahí está, blanca y quieta, y no le importa que la miren. No le importa nada, ni la mancha ni nosotros, hace sus cosas, nos envuelve, y sigue blanca y quieta como siempre.
lunes, mayo 14, 2007
Ríos
Postdata del 25/03/08: el título debió haber sido "Ríos que mueren en el mar Gen".
sábado, mayo 05, 2007
Etimología de la palabra "saludo"
La etimología de esta palabra es singular y no pocas veces ha sido objeto de la atención de los eruditos (palabra tampoco carente de interés y de cuya etimología hablaremos en otra oportunidad). La historia data del siglo doce. En las cercanías de lo que hoy es Badajoz un Señor, adinerado y harto de las diarias infidelidades de su esposa, hizo construir una fortaleza laberíntica en el medio de la cual la amarró, y amarrándola con sorna le dijo : “Ahora sal, si puedes…” Esa noche el hombre durmió bien. A la mañana siguiente bajó a un bar de Corrientes a desayunar y vio, ¡ay!, incrédulo, a su mujer completamente borracha en brazos de un jornalero cuya fama tenía varios centímetros de largo. Toda la comuna supo de la historia y a partir de entonces el hombre fue el objeto de burla preferido de los vecinos. Cada vez que lo cruzaban le decían: “-Ahora sal… y pudo!” y estallaban en carcajadas. Con el tiempo “ahora” cayó. La fórmula “salypudo” se usó hasta mediados del siglo quince (la última atestación data de 1438), período en el que la “y” griega cae también, por griega, y la “p” por solidaridad (y en repudio a la xenofobia dominante por entonces entre las letras y fonemas). A partir de ese momento, y hasta hoy, se ha usado la palabra “saludo” para burlarse de los hombres adinerados que construyeron fortalezas, amarraron a sus esposas y las encontraron al día siguiente en brazos de jornaleros.
sábado, febrero 03, 2007
Dios
me acabo de dar cuenta de que soy dios
X says:
lo voy a escribir en el blog
X says:
Por qué llegaste a esa conclusión?
X says:
no hay conclusiones en mi mente
X says:
todo ES
X says:
todo ES, y no tengo necesidad de razonar
X says:
Por qué sos Dios?
X says:
por eso
jueves, enero 04, 2007
La bombilla
Nos fuimos pensando qué tipo más raro y el se fue pensando lo mismo, pero de ella también. De los dos. Qué tipos más raros mierda, los tres.
miércoles, diciembre 27, 2006
sábado, diciembre 16, 2006
Compte rendu
El blog se intitula "Este blog me tiene podrido". De su autor nada sabemos y nada queremos saber. Sus textos son, en su mediocridad, dispares. Y esto sin contradicción. Entre sus treinta y cuatro textos encontramos mala poesía y mala prosa en igual proporción. La alternancia de textos, largos y cortos, la discontinuidad, lo incoherente y la falta de coherencia, los grandes espacios blancos y los pequeños espacios negros son, así como lo blanco y lo blanco, mejor me voy a dormir porque tengo sueño.
Uh
(Juan Bautista Aberdi, Bases, 1852)
martes, noviembre 28, 2006
Gauchos corredores o Hamlet jugaba de 11
"Casuarinas: árboles cuyas hojas se parecen a las plumas de aves corredoras".
Pero eso no es nada. En una edición bilingüe de Ficciones que leen las jóvenes promesas de los liceos de Francia hay una glosa para la palabra "gaucho" que dice: "personne rustique qui habitait La Pampa et montait à cheval. Il avait comme principale fonction, à l’époque, celle d’être assassiné par les aborigènes ou la police.”
Los escépticos irán al diccionario. En el Petit Robert encontrarán esto: “Gaucho: Partisano extremista de las soluciones de izquierda, revolucionarias, dentro de un partido”. (Un Garrincha, ¿o no? No. Garrincha jugaba de 7. Pero yo no sé nada de fútbol y no conozco ningún 11 habilidoso que rompa con los moldes. ¿Y cómo se llaman ahora el 7 y el 11? Misterios reservados a Niembros y Macayas…)
De “gaucho" hay una segunda acepción: “Caballero encargado de vigilar las tropas de bovinos en la pampa. Gauchos diestros para el lazo.”
Yo conozco un gaucho. Cuando te saluda te aprieta fuerte la mano y te mira inclinando el ala del sombrero y endureciendo la mirada. Después te dice: ¿qué tomás? Y vos tenés que contestar: un whisky. Entonces él te lo paga y se queda contento con su alma y su sombrero de gaucho o de caballero que invita whiskys en la barra.
Pero no era esto lo que quería escribir. Quería escribir algo gracioso acerca de las aves corredoras.
viernes, noviembre 24, 2006
Präpositionen
Der Vogel fliegt aus dem Käfig, dann fliegt er auf den Tish. Und dann fliegt er auf den Schrank. Und dann fliegt er ans Fenster, und dann fliegt er auf die Lampe, und dann der Vogel fliegt unter das Bett, und dann fliegt er hinter die Tür und dann auf den Küchenboden und dann fliegt er neben den Herd. Dann der Vogel fliegt hinter den Schrank und dann fliegt er zwischen den Stuht und den Tisch. Dann der Vogel fliegt in der Eimer und eine Mädchen findet ihn da und tötet ihn, mit ein Messer. Der Vogel heiss Ramón. Das Mädchen heisst Ana Lucía González Obregón .
jueves, noviembre 23, 2006
París es una furia
Corrió enfurecido hacia la cornisa pero de antes de llegar al abismo tropezó. Y se volvió, acongojado, arrepentido, fracasando, queriéndose morir. Después, algo se apagó. Y supimos esto:
El que corría enfurecido era yo.
La cornisa también, era yo.
¿Y de dónde tanta furia? No lo sabemos todavía. Por eso tanta furia.
sábado, octubre 14, 2006
Diccionarios celestiales
Los Dioses, que leen a Borges, se reparten desde siempre la tarea de registrar el habla de todas las personas del mundo, en todas las lenguas del mundo. Después, cuando de una lengua todos sus hablantes mueren, publican un diccionario. Antes no, pues no conciben que un diccionario no albergue todos los usos de una lengua. En eso consisten los suyos. Entre los más codiciados por los hombres se cuentan el de latín, el de griego, el de sánscrito y el de lineal C. Entre los más extraños, el de ardhamagadhi, lengua de los antiguos sutras jainistas, y el de suniita, derivado del ardhamagadhi que se habló en Asia Menor entre los siglos siete y tres antes de Cristo (que en el cielo va con minúscula). Sin embargo todos esos trabajos son fragmentarios. Y un día, cuando todos hayamos muerto, los Dioses daran a conocer la última y primera edición de la Obra Mayor, que dará cuenta de la única lengua que en su historia hablaron los hombres.
Diario
Viernes 12
Estuve acá y allá. Fui con X y X a la casa de X. A la noche cenamos en lo de X. Dormí con X, la pasé bien.
(Nota: estoy escribiendo el lunes, el fin de semana no escribí.)
Sábado 13
Estuve pensando que con X nos llevamos bien. Eso lo pensé a la mañana. Pero a la tarde fui a lo de X y más tarde vimos una película. Mala. Cenamos. Y cada cual a su casa.
Domingo 14
Nada diferente a todos los domingos del mundo. Estuve pensando en X. A la tarde vinieron X y X y nos quedamos hablando de la orientación sexual de algunos escritores. Dos conclusiones: X es asexual, la orientación de x es heterodoxa. Nunca en la vida los vimos, pero se nota en sus textos. Creo que tomé demasiado.
Lunes 15
Hoy. No recuerdo qué pasó, estuve todo el día recordando. Mejor me voy a dar una vuelta.
martes, octubre 10, 2006
El que me faltaba
Por qué no darme el gusto, me dije, y me encaminé por enésima vez a la librería del boulevard Saint Michel. Compré Los detectives salvajes, rojo y pesado, y volví caminando a mi casa.
La ceremonia acaba de concluir. Acabo de acomodarlo, el ceño arrugado, junto a los otros, en el cuarto anaquel empezando de abajo. Y ahora los veo mientras escribo. Ahí están, todos rojos, iguales, nuevos, ocupando íntegro el cuarto anaquel.
Huir
Escribió, meses enteros, sin parar, y cuando paró una pregunta le vino: ¿para qué escribo? Escribo, se contestó, para alejarme y huir de lo que escribo. Y acto seguido lo escribió.
martes, octubre 03, 2006
Título de tiza
Ay
Uno de ellos dijo: Ay, si pudiera vivir sin decir ay. Pero ellos estaban en otra cosa, pensando, tal vez, ay, si pudiéramos pensar en otra cosa. Cosas que tiene la vida. Pero a esto último nadie lo dijo, ni tampoco nadie lo pensó.
viernes, septiembre 29, 2006
Con título pero sin fin
Durante esos días se lo vio absorto en una especie de tornillo enorme y oxidado. Quisimos acercarnos, pero él nos hizo shhh... Miren, este objeto es un milagro, nos dijo, se llama sin fin.
jueves, septiembre 28, 2006
Título esclarecedor
¿Qué hace?, preguntó el carpintero de visiones nocturnas. Nada, dijeron los hombres que miraban, no tiene ganas de estudiar, y después siguieron jugando a las cartas dándonos la espalda, dándonos la espalda y tomando vino tinto con soda y comiendo pedacitos de pan.
Con título, pero eso no importa
Con título
Y en el momento de saltar se dio vuelta, señaló al hombre que miraba y señalándolo le dijo: no creas que lo que ves es así, todo es levemente distinto. Dijo eso, y después saltó.
Sin título
¿Y te quién dijo que todo esto va a terminar?, preguntó el señor de las cejas blancas. Y entonces todo terminó.
domingo, septiembre 17, 2006
Ese extraño bolso rojo
Le vendredi 2 Février
Dans la maison il y a un petit ordinateur. Il est noir. Il y a beaucoup de livres. Les uns sont minces, les autres sont épais.
Il y a de minces stylos. Il n’y a pas de grandes tables.
Il y a une petite table et un grand bureau.
Il y a un plafond blanc. Il n’y a pas de papier sur le plafond. Il y a du papier sur les murs. Ils sont étroits.
Sur une petite table ronde il y a un poste de télévision. La télévision est très grande.
Il n’y a pas de rideaux sur la fenêtre.
Au-dessous de la table il y a un beau sac rouge.
Il y a des belles bibliothèques sur les murs.
Au-dessus d’un long canapé, il y a de beaux tableaux.
Lundi, mardi, mercredi, jeudi, vendredi, samedi, dimanche.
miércoles, septiembre 13, 2006
Felipe el inquieto
Estas tierras que ven fueron sede, dos siglos atrás, del único régimen monárquico atestiguado en la región. De su soberano no hemos heredado ni bustos ni retratos pero sabemos que su fama belígera traspuso mares, desiertos y cadenas montañosas. Tampoco conocemos su ascendencia ni su nombre certero. Sí que se llamó Felipe II, el inquieto. De la leyenda que a él ha fusionado la historia no todo es real pero todo guarda una relación, así sea enmarañada, con los hechos que pasaron. No los voy a contar hoy. Hoy solamente los anuncio. (Sé que él supo que hoy lo anunciaría.)
lunes, junio 26, 2006
El epígrafe
elle dévient littérature elle-même.
Iuri Tinianov
jueves, junio 15, 2006
Ocurrió así
Ocurrió así: Un hombre, mientras prologaba en voz alta esa leyenda inverosímil según la cual otro hombre, ciudadano de un país lejano o de oriente, se había planteado una tarde escribir ese argumento que, como “embrujado por duendes color turquesa”, según dijo, se había ido encerrando a sí mismo y de a poco (un de a poco que no por pausado había resultado menos plausible ni, lo que es más, menos implacable (y todos recuerdan que esa implacabilidad sería, según el orador, un aspecto trascendental de la historia que referiría (aunque nunca, lamentablemente, se la sabría terminada, pues el hombre perdió el juicio y se arrojó, como el otro, a las aguas imaginarias y audibles de un aljibe al no ver, como le había pasado al otro, la manera de escapar de esa triple barrera de arcos y de ese punto que lo separaban del mundo, y de todos los después))).
jueves, junio 01, 2006
El espejo
Quique me dijo que los finales de las cosas que escribo son previsibles. Voy a usar un recurso que me gusta en Fogwill pero que ya usaba Diderot, Diderot entre muchos otros, y que consiste en hablar con el lector: ¿Ustedes piensan que Quique es una técnica y un anonimato o que tras Quique se esconde otra identidad? No. Quique existe. Ayer tomamos una cerveza en un bar y Quique me dijo que no los finales en sí, sino el momento en que terminan las cosas que escribo es adivinable. Sin embargo nunca se sabrá si tras Quique no se esconde otra identidad. Aunque tras Quique nada puede esconderse, nadie puede esconderse tras un nombre. Tras muchas palabras sí, pero tras un nombre no. Esto ya es el final, les aviso. ¿Lo habían adivinado? Si no lo adivinaron me salió. Si lo habían adivinado no me salió. No me sale desadivinar los finales. Si lo habían adivinado sigo. Si no lo habían adivinado no lean más, lo que sigue es para los que lo habían adivinado: Debajo de la camisa, esculpido por los años y el humo del cigarrillo, se adivinaba un cuerpo enfermizo, blanco y afilado, fin. ¿Ahora lo adivinaron? Si lo adivinaron sigo: Pero lo que había debajo de la camisa no era cognoscible, nadie nunca lo sabría, solo era adivinable, fin. Pero si lo adivinaron sigo: Era adivinable también su cara, la cara del cuerpo adivinable debajo de la camisa. La manera en que era adivinable la cara era variable: hubo quienes la adivinaron blanca y afilada, en perfecta consonancia con el cuerpo; hubo quienes la adivinaron redonda, pecosa; hubo quienes adivinaron que no era la apariencia lo importante y que a su vez adivinaban, flotando en un cielo eventual de bonhomía, una personalidad inquieta, desordenada y nerviosa que el adivinado cultivaba en su relación con sus hijos y con su mujer, unos y otra adivinados apacibles, provincianos, buenos. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: Saer: El primer adivinado solía, bondadoso, fumar, tibio, un cigarrillo junto a la chimenea que parecía, tibia y resplandeciente, consumirse a sí misma en un rincón del salón de estar y, en ocasiones, también solía, quieto, garabatear sobre un cuaderno notas literarias que alguna vez, tímido, había considerado publicar. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: La mujer adivinada generalmente no lo importunaba, pues no por pertenecer a la casta adivinada ella dejaba de adivinar, a su vez, la necesidad de silencio del adivinado de su esposo. Ella adivinaba una preocupación, un temor en esos escritos misteriosos, en el temblor de su mano en el papel, en el gesto involuntario de acercarse al fuego que la mano ejecutaba, cada tanto, como si volara sobre la alfombra. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: El hombre. Fin. En realidad no escribía. Fin. Sino que simplemente dibujaba una cara, con los ojos exageradamente grandes, con bigote salvadordaliesco, con sombrero de ala caída, con un cigarrillo caído, mal afeitada y llena de cicatrices tras la cual se adivinaba, flotando en un cielo eventual de bonhomía, una personalidad inquieta, desordenada y nerviosa. Fin.
lunes, mayo 29, 2006
El cuerpo de Sebastián Toba
El pueblo estaba, cuando llegué, tenuemente disimulado bajo una capa de niebla blanca y movediza. Me registré en el Hotel Genovés, frente a la estación, y el chiflido del tren que se alejaba me causó un tibio escalofrío de felicidad. Era viernes y era temprano, así que pedí que me subieran un tostado y un jugo de pomelo y me puse a revisar, mientras comía, las notas sobre la muerte del concejal que me pasó el jefe de sección cuando me pidió que la cubriera. Lo habían encontrado junto a un canal artificial, junto a un desagüe pluvial encajonado en un molde de cemento, en la periferia del pueblo. No había, me pareció, nada interesante en el caso, pero yo no soy quien se pregunta esas cosas, a mí me pagan por escribir y yo escribo, voilà tout. Era un viernes. Creo que entonces me quedé dormida, un rato, tal vez dos horas. A la una estaba sin sueño y sin ganas de leer y entonces decidí salir a dar una vuelta. La niebla seguía flotando vulnerable a las luces de los autos, que de lejos parecían barcos acercándose a un puerto o alejándose de un puerto. En un bar, en una esquina, tocaba una banda. Cuando entré sentí cómo todos en el lugar me clavaban sus miradas, ofendidos por una intrepidez que tal vez consideraban intrusión. Uno, en la barra, me miró más, o distinto, y hacia él, aunque solapadamente, encaminé mis intenciones. El cantante estaba en cuero y en sus gritos hablaba de una muchacha que "había masticado su alma hasta el hartazgo" y que había participado en no sé qué rara historia con el cantante. La letra no decía que la cosa fuera con el cantante, pero eso se veía a las claras. Pedí un gin-tonic. En el bar los favores de la niebla habían sido remplazados por el humo. El tipo de la barra me saludó y me preguntó de dónde era. Yo le dije que de Buenos Aires, le dije que era periodista. El tipo me miró. Yo tomé un trago directamente del vaso y le pregunté qué hacía él. Me dijo que era estudiante de filosofía. Estudio en Puán, me dijo. Y ese fue todo el diálogo de los primeros cincuenta minutos. El bar se había ido llenando de a poco y parecía un animal que temblaba por dentro. El tipo saludaba a todos los que entraban con la mano o, a veces, con un beso en la mejilla. Pensé que estos últimos eran amigos. La banda era muy mala. Se lo dije. Me dijo que sí, que era mala, y me propuso salir a dar una vuelta. Yo creo que pagó él, aunque no lo recuerdo con claridad, para ese entonces ya había tomado demasiado. Una vez en el auto el tipo hizo dos cosas: abrió una bolsita celeste con cocaína y me preguntó si había venido por la muerte de Sebastián Toba. Sí, le dije, y me preguntó, mientras inhalaba con fuerza tapándose la cavidad nasal izquierda (había tomado por la derecha), si quería ver el cuerpo de Toba, él conocía a alguien en el hospital. Le dije que sí. Fuimos, lo vimos, lo fotografié en las heladeras de la morgue. Barba, blanco, cejas tupidas, pelo largo. Esos son los rasgos que retuve.
El tipo se llamaba Martín y había en él algo que me gustaba, su acento tal vez, su barba de dos días rubia como pequeñas estalactitas o agujas transparentes, su nuez de adán. Fuimos a su casa y cogimos y tomamos buena parte de la noche, pero no me quedé a dormir con él, tuve un poco de pudor. Le di el teléfono del hotel y me fui en remís, dormí como un oso.
Al otro día el conserje me informó que un señor había llamado y había dejado un número de teléfono. Llamé. Era Martín. Paso a buscarte, me dijo, es importante, me dijo, te va a interesar. Tomó por una avenida y en dos minutos salimos a una ruta. Tres, tal vez cuatro minutos más tarde se detuvo junto a un pequeño alboroto policial. Supe, cuando bajé, que habían encontrado otro cadáver. Me presenté ante el comisario, que miraba atónito cómo se perdía una línea de alambrado en el horizonte. Tuve que repetir: María Alejandra Estévez, periodista. El comisario balbuceó algo que no eran palabras y me señaló, confundido, dando muestras de confusión, un promontorio alargado y cubierto por un plástico negro. Era el cuerpo. Me agaché, lo destapé, y no lo pude creer. Cuando me volví hacia Martín él estaba diciendo que sí con la cabeza y estaba diciendo Sebastián Toba. Sentí ganas de abrazarlo, pero me contuve. Tomé algunas fotos del lugar y del comisario, que seguía oteando el alambrado. ¿Qué le pasa?, pregunté. Reina el desconcierto, dijo Martín, atacado por una ceremonia.
En total seis días me quedé en esa ciudad en cuyas noches prevalece la neblina y el humo. Sebastián Toba fue asesinado, en ese lapso, tres veces. La primera vez fue por asfixia y sus restos fueron cremados en un cementerio de Burzaco. La segunda muerte fue causada por heridas de arma blanca y el cuerpo está bajo custodia en la morgue del Hospital Municipal. Las causas de la tercera, la más reciente, todavía están por establecerse y reina, como dijo Martín, la confusión. Las autoridades no descartan la posibilidad de nuevos hallazgos. Mañana a la noche vuelvo a encontrarme con Martín.
domingo, mayo 28, 2006
La laguna
lunes, mayo 22, 2006
domingo, mayo 21, 2006
Cala
En el centro exacto del único ambiente crecía un ramaje gris y palpitante de humo que subía hacia el cielo raso y veteaba, o tal vez sólo manchaba, la mirada atónita de Miranda y la mirada perdida de los demás. Porque de esa manera se disponía el conjunto: Miranda, por un lado, un lado con claras glosas de privilegio enmarcado en una especie de pasta de esperanza, lindeza y, quizás también, delirio, y por el otro lado los demás, lejos, grises, mudos. Hablábamos de música o de cine, ya no me acuerdo, o de literatura. Si hablábamos de música probablemente estaba suscitando el reproche y la íntima condena diciendo que a mí no me gusta el jazz. Si hablábamos de cine la cosa sería más complicada. Digamos, para simplificar, que hablábamos de libros, de literatura, de los últimos gritos lastimosos de la poesía contemporánea. No. Digamos que hablábamos de alguna novela reciente, no quiero generar ahora el reproche que eludí en aquel momento. A lo mejor decía yo que me gustaba un autor, que me había gustado tal o cual recurso, que tal personaje recordaba tal otro, que el estilo era así o asá, que la desidia o que la luz o que la elipsis de la prosa eran dignas de algo, ya no me arriesgo a saber de qué. Es extraño que no me acuerde de lo que hablábamos y sí retenga con tanta precisión la cara y la posición del cuerpo de Miranda, que cada tanto se acercaba al tronco del árbol gris y separaba con cautela y acomodaba con cuidado seis o siete rayas gruesas y largas, amargas y blancas, sobre el retrato familiar. La bandeja pasaba de mano en mano y el aquelarre se lanzaba a debates cada vez más abstractos, cada vez más imprecisos. Tomábamos cerveza, todos menos Miranda. Ella, decía, ya tenía suficiente con el amargo de la merca que, además, se emperraba en combatir con Coca-Cola diluida en mínimas dosis de Fernet y de hielo. Algo en Miranda recordaba a Demi Moore, a esa belleza que en Demi Moore recuerda a Frida Kahlo. (No, un ramaje no, un hongo, atómico, que subía y subía y contra el techo se abría y se volvía sobre sí como una flor, como una cala. Como una cala simétrica y blanca con franjas grises o azules.) Los demás no existían y Miranda era cada vez más transparente y estaba ahora sentada en mis rodillas, tirada un poco hacia atrás y apoyada en mi hombro derecho. ¿De Pizarnik? ¿De Clarice Lispector? ¿De Cabrera Infante? ¿Del pelado de Puig? No sé, no sé, no sé. Pero Miranda estaba conmigo, había merca para un rato y se dejaba abrazar, y el fogonazo nuclear que todos, sin pensarlo, estaban buscando ya había estallado y ya se deshacía como un vidrio en lo estirado de las sombras que proyectábamos contra la persiana.
