Eso que se ve ahí es Córcega, dijo, y estiró la toalla en la arena gruesa y amarilla, como piedras (tenues y amarillas). ¿Cuál?, pregunté yo, totalmente desinteresado de cualquier respuesta. Eso, dijo señalando con la vista. Entonces me acurruqué sobre la toalla, sobre la mitad de la toalla, y creo que me dormí. Si dormía a esto que sigue lo soñé: me acariciaba el pelo, en ese entonces largo, y me decía eso de ahí, esas montañas que se ven y que parecen nubes. No éstas de acá, las más altas. Las de más lejos, aquéllas. Y miraba en una dirección que yo no entendía pero en cuya atmósfera volaban, esto es intuición, seis o siete pájaros negros. Después comimos, dormimos, nos bañamos y hablamos un montón de veces. Después otra vez (me parece) me dormí. Entonces a esto lo soñé: yo estaba dormido en las piedras de la playa y ellos acurrucados juntos, del otro lado del mar, cerca de nubes que en el sueño o de lejos parecían montañas y ocupando media toalla cada uno. Entre las montañas ahora se veían claramente seis pájaros en pleno vuelo circular. Abajo habría una presa. En un momento ella me señalaba con la vista, risueña, aunque a la distancia no me viera, y decía algo, algo así como eso que se ve ahí es Córcega. Y después, esto es cierto, el mar se hacía cicatriz.
viernes, septiembre 21, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Me gustó.
Publicar un comentario