Por qué no darme el gusto, me dije, y me encaminé por enésima vez a la librería del boulevard Saint Michel. Compré Los detectives salvajes, rojo y pesado, y volví caminando a mi casa.
La ceremonia acaba de concluir. Acabo de acomodarlo, el ceño arrugado, junto a los otros, en el cuarto anaquel empezando de abajo. Y ahora los veo mientras escribo. Ahí están, todos rojos, iguales, nuevos, ocupando íntegro el cuarto anaquel.
martes, octubre 10, 2006
El que me faltaba
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1 comentario:
todo esto está bueno.
ya es cualquiera repetirlo, pero es lo mejor.
en referenia a la mío; a vos lo que te gusta es el chifle!
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