jueves, junio 15, 2006

Ocurrió así

Ocurrió así: Un hombre, mientras prologaba en voz alta esa leyenda inverosímil según la cual otro hombre, ciudadano de un país lejano o de oriente, se había planteado una tarde escribir ese argumento que, como “embrujado por duendes color turquesa”, según dijo, se había ido encerrando a sí mismo y de a poco (un de a poco que no por pausado había resultado menos plausible ni, lo que es más, menos implacable (y todos recuerdan que esa implacabilidad sería, según el orador, un aspecto trascendental de la historia que referiría (aunque nunca, lamentablemente, se la sabría terminada, pues el hombre perdió el juicio y se arrojó, como el otro, a las aguas imaginarias y audibles de un aljibe al no ver, como le había pasado al otro, la manera de escapar de esa triple barrera de arcos y de ese punto que lo separaban del mundo, y de todos los después))).

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