martes, noviembre 28, 2006

Gauchos corredores o Hamlet jugaba de 11

"Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas...", dice Rulfo en la página 40 de El llano en llamas (Ed. Cátedra), al pie de la cual una nota explica lo siguiente:
"Casuarinas: árboles cuyas hojas se parecen a las plumas de aves corredoras".
Pero eso no es nada. En una edición bilingüe de Ficciones que leen las jóvenes promesas de los liceos de Francia hay una glosa para la palabra "gaucho" que dice: "personne rustique qui habitait La Pampa et montait à cheval. Il avait comme principale fonction, à l’époque, celle d’être assassiné par les aborigènes ou la police.”
Los escépticos irán al diccionario. En el Petit Robert encontrarán esto: “Gaucho: Partisano extremista de las soluciones de izquierda, revolucionarias, dentro de un partido”. (Un Garrincha, ¿o no? No. Garrincha jugaba de 7. Pero yo no sé nada de fútbol y no conozco ningún 11 habilidoso que rompa con los moldes. ¿Y cómo se llaman ahora el 7 y el 11? Misterios reservados a Niembros y Macayas…)
De “gaucho" hay una segunda acepción: “Caballero encargado de vigilar las tropas de bovinos en la pampa. Gauchos diestros para el lazo.”
Yo conozco un gaucho. Cuando te saluda te aprieta fuerte la mano y te mira inclinando el ala del sombrero y endureciendo la mirada. Después te dice: ¿qué tomás? Y vos tenés que contestar: un whisky. Entonces él te lo paga y se queda contento con su alma y su sombrero de gaucho o de caballero que invita whiskys en la barra.
Pero no era esto lo que quería escribir. Quería escribir algo gracioso acerca de las aves corredoras.

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