Quique me dijo que los finales de las cosas que escribo son previsibles. Voy a usar un recurso que me gusta en Fogwill pero que ya usaba Diderot, Diderot entre muchos otros, y que consiste en hablar con el lector: ¿Ustedes piensan que Quique es una técnica y un anonimato o que tras Quique se esconde otra identidad? No. Quique existe. Ayer tomamos una cerveza en un bar y Quique me dijo que no los finales en sí, sino el momento en que terminan las cosas que escribo es adivinable. Sin embargo nunca se sabrá si tras Quique no se esconde otra identidad. Aunque tras Quique nada puede esconderse, nadie puede esconderse tras un nombre. Tras muchas palabras sí, pero tras un nombre no. Esto ya es el final, les aviso. ¿Lo habían adivinado? Si no lo adivinaron me salió. Si lo habían adivinado no me salió. No me sale desadivinar los finales. Si lo habían adivinado sigo. Si no lo habían adivinado no lean más, lo que sigue es para los que lo habían adivinado: Debajo de la camisa, esculpido por los años y el humo del cigarrillo, se adivinaba un cuerpo enfermizo, blanco y afilado, fin. ¿Ahora lo adivinaron? Si lo adivinaron sigo: Pero lo que había debajo de la camisa no era cognoscible, nadie nunca lo sabría, solo era adivinable, fin. Pero si lo adivinaron sigo: Era adivinable también su cara, la cara del cuerpo adivinable debajo de la camisa. La manera en que era adivinable la cara era variable: hubo quienes la adivinaron blanca y afilada, en perfecta consonancia con el cuerpo; hubo quienes la adivinaron redonda, pecosa; hubo quienes adivinaron que no era la apariencia lo importante y que a su vez adivinaban, flotando en un cielo eventual de bonhomía, una personalidad inquieta, desordenada y nerviosa que el adivinado cultivaba en su relación con sus hijos y con su mujer, unos y otra adivinados apacibles, provincianos, buenos. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: Saer: El primer adivinado solía, bondadoso, fumar, tibio, un cigarrillo junto a la chimenea que parecía, tibia y resplandeciente, consumirse a sí misma en un rincón del salón de estar y, en ocasiones, también solía, quieto, garabatear sobre un cuaderno notas literarias que alguna vez, tímido, había considerado publicar. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: La mujer adivinada generalmente no lo importunaba, pues no por pertenecer a la casta adivinada ella dejaba de adivinar, a su vez, la necesidad de silencio del adivinado de su esposo. Ella adivinaba una preocupación, un temor en esos escritos misteriosos, en el temblor de su mano en el papel, en el gesto involuntario de acercarse al fuego que la mano ejecutaba, cada tanto, como si volara sobre la alfombra. Fin. Pero si lo adivinaron sigo: El hombre. Fin. En realidad no escribía. Fin. Sino que simplemente dibujaba una cara, con los ojos exageradamente grandes, con bigote salvadordaliesco, con sombrero de ala caída, con un cigarrillo caído, mal afeitada y llena de cicatrices tras la cual se adivinaba, flotando en un cielo eventual de bonhomía, una personalidad inquieta, desordenada y nerviosa. Fin.
jueves, junio 01, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
4 comentarios:
Voy a ser muy sincera: me encantó este post.
alejandro dice:
el cuatrimestre que viene que hacemo´?
Julia dice:
estanislao tiene ciudadanía?
alejandro dice:
si
alejandro dice:
te vas a casar con èl?
alejandro dice:
alejandro dice:
ah no
Julia dice:
no
alejandro dice:
yo me voy a casar con estani
Julia dice:
lo pensaba por vos
Julia dice:
claro!
alejandro dice:
Julia dice:
la unión civil
alejandro dice:
jajajajaj
alejandro dice:
puedo pegarle esto en su blog?
Julia dice:
el cuatrimestre que viene? Metafísica
Julia dice:
naaaaaaaa
alejandro dice:
seeeeeeeeee
Como me quiere la gente de este post...
Si vuestro objetivo es el matrimonio, tendrán que trabajar. Me gustan:
-Las flores de colores
-Los libros
-Los dados
Me hacen falta:
-Zapatillas
-Remeras
-Pantalones cortos
yo vendo todo lo que pueda que sea mío
Publicar un comentario